viernes, 5 de septiembre de 2008

Sánchez Lázaro Vs Rubalcaba

Ayer antes de irme a casa (que no hogar, pues estoy de alquiler en Alemania y se nota) eché un vistazo a la biblioteca de libros españoles que tiene Vogel en la Forschungstelle. Aunque ya lo había visto, mis manos se pararon en Política criminal y técnica legislativa, del Profesor Titular de Derecho penal, Fernando Guanarteme Sánchez Lázaro. Reconozco que es uno de los autores españoles que más me interesan actualmente, y también lo hace el tema de la técnica legislativa (quizás por la paliza que me da con la importancia del mismo mi amigo Íñigo Ortíz), todo lo cual me llevó a cotillear el libro del modo que lo hago siempre: miro la tapa, leo el título detenidamente, después lo abro por las primeras páginas, busco el índice, le echo un vistazo por encima y me paro en alguna sección si la creo interesante, si lo es mucho la busco, leo las primeras páginas de la misma, la ojeo; vuelvo al principio, miro si hay introducción, nota preliminar o prólogo, sobre todo prólogo, pues me encantan los prólogos (Prólogo con un prólogo de prólogos, de mi amado Borges, es uno de los libros más extraños e interesantes, a la vez, que he leído nunca de un tirón), si lo hay me lo suelo leer, si me gusta la nota o el prólogo me voy al final a la bibliografía y, una vez cotilleada esta, de nuevo al principio y leo como empieza el libro (que suele indicar muy bien cómo va a continuar).

El proceso puede ser más o menos corto, según el tiempo que tenga y lo que me vaya interesando lo que leo, y termina, la mayor parte de las ocasiones, dejando el libro donde estaba, pues en pocas de ellas, por imperativos del discutible pero existente tiempo (a pesar de Borges), me lo llevo para leerlo entero.

El caso es que el libro me interesó, y aparte de leerme el buen prólogo de su maestro, Carlos María Romeo, me gustaron mucho las primeras líneas de Sánchez Lázaro:


"La crítica y propuestas de reforma del Derecho positivo no se pueden realizar sin un conocimiento previo, profundo del mismo. La introducción de un nuevo precepto en el Código Penal, sea en su parte general o especial, no puede ser fruto de la improvisación o de una reacción política irreflexiva. Por el contrario, parece que un precepto que puede establecer como consecuencia jurídica una pena de diez, veinte o treinta años de privación de libertad debe ser el resultado de un proceso racional de discusión".

Lo primero que pensé, o empatado con lo segundo, fue: JA...., ya quisiéramos; lo segundo fué, cómo es posible que esto, que debería ser una obviedad, sea necesario recordarlo en la actualidad?


Esta mañana, en la versión electrónica del diario Público (para que vean lo mega imparcial que soy: El mundo, El país, Público), he leído la siguiente noticia:

"El Ministerio del Interior quiere frenar la entrada de inmigrantes menores de edad en España. Para ello, estudia endurecer las penas para las mafias de inmigración ilegal que les transporten, según anunció el jueves el ministro Alfredo Pérez Rubalcaba. Esto requiere una reforma del Código Penal que Interior está estudiando con el Ministerio de Justicia.
Rubalcaba explicó que se estudia aumentar “hasta 10 o 12 años” las penas a los responsables de las mafias, que actualmente, dijo, son como máximo de seis años y un día de prisión. El ministro indicó que hay 178 encarceladas por actuar como patrones de embarcaciones, cayucos y pateras que han transportado a España a inmigrantes indocumentados. España tiene muchos problemas para repatriar a los menores de edad que llegan a sus costas. La mayoría permanece en centros de acogida hasta que cumple 18 años. Entonces, para poder quedarse en España, deben encontrar trabajo en tres meses. Quienes no lo consiguen, una minoría, deben volver a su país.

Para acabar de arreglarlo citan las palabras del ministro de que “No existen fórmulas mágicas para acabar con la inmigración".

Mientras escribo esto, me doy cuenta de que quizás me haya precipitado. Al citar conjuntamente la frase del libro que estaba abierto al lado de mi teclado cuando he visto esta mañana la noticia que he posteado, y el comentario del periodista sobre las declaraciones del ministro de un endurecimiento de las penas para frenar la inmigración clandestina de menores, quería poner de manifiesto la naturaleza reactiva y no tanto racional de la gran mayoría de proyectos de reforma del Código Penal que se han dictado en los últimos 10 años. Pero lo dicho, me puedo haber precipitado. Seguro que el proceso de reforma va a partir de una evaluación exhaustiva del sistema actual, de un estudio comparado de las soluciones legislativas de otros países, de un análisis sociológico sobre si en ese caso la amenaza de una mayor pena supondrá una menor realiyación de las conductas, de un estudio sobre la armonización de tales propuestas con el resto de preceptos del código penal, junto con otros setenta estudios de viabilidad económica, de legitimidad constitucional, etc. Seguramente no he tenido en cuenta que el proceso durará meses y meses de duro trabajo de estudio por parte de los mejores expertos en la materia , y no he pensado que la razón de dictar esta ley no tiene que ver con los últimos acontecimientos acaecidos, sino con una decisión política madurada y seria que se fundamenta en argumentos racionales y lógicos.

Pese a todo, aun confiando ciegamente en el legislador (que está demostrando en los últimos años no tener color ni identificativo ninguno, y ser simplemente legislador), me haría ilusión que le echara un vistazo al libro de Sánchez Lázaro, aunque sea como yo, en plan cutre, por si sacaba algo en claro. Pero está claro que el legislador tiene muchas cosas que hacer, entre ellas reformar el CP.


Pd. A mi casi tocayo (por exceso suyo) penalista me gustaría preguntarle algo que me ha perturbado un poco. He echado en falta algo que me parece esencial en cualquier publicación científica, la bibliografía, pues aunque está bien documentado el libro con todas las referencias en las notas al pie, no me gusta la moda (existente también en algunas revistas doctrinales) de quitar la bibliografía al final del texto. La pregunta es, fueron razones económicas? tan mal está la cosa? En todo caso, enhorabuena por otra monografía que, en un tiempo, leeré con más rigor y seriedad.



Un saludo a todos.

Fernando Miró Llinares

3 comentarios:

Kraftwerk dijo...

Ese problema creo que es inherente a la democracia liberal. Lo malo es que no conocemos un regimen representativo mejor. Al fin y al cabo los políticos usan el Derecho (especialmente el penal) para modular "demandas sociales" y así ganar votos.

Cuando hay un caso "escandaloso" los políticos tienden a tomar medidas drásticas (Rubalcaba es todo un experto,por cierto) introduciendo en el CP tipos especiales o agravando los existentes para callar a la marabunta.

Hoy en día se roto el binomio "izquierda = descriminalización" "derecha = demanda de criminalización". O al menos ya no se da tan clara como antes. Atended a los delitos de discriminación, a los delitos de lesiones en los que la víctima es cónyuge, agravantes de racismo (jodida moral en el Derecho...) y un largo etc.
Igualmente la derecha quiere ser "progre". Ser conservador está muy mal visto en ésto del Penal.

Gimbernat dice que nuestro CP está influenciado por la ideología del "law and order". Tal vez tenga razón quien dice que el TR de 1973 era más indulgente (y lo digo sin nostalgias, que yo nací en 1985).

PD. Tomad con cautela lo que leais en ese pasquín llamado PUBLICO.

Hans dijo...

Ufs. A pesar del desparrame de ironía de sus últimos dos párrafos, Dr. Miró, sólo puedo decir que TODO en España se legisla mal. No hay excepción a esa plaga. Para Vdes., penalistas, siempre ha sido fundamental la ubicación de un tipo en el Código. en la España de los 90 se vulgarizó el 'todo vale'; el colmo del desastre han sido las leyes de presupuestos, primero, y las de acompañamiento, después, pero es lo cierto que cualquier mercantilista sufre lo indecible encontrándose modificaciones de la regulación de institutos 'clásicos' insertas en textos legislativos 'modernillos', en DF´s y cosas parecidas.
Y, como siempre, la náusea mayor procede del zoco mercachiflero parlamentario, donde se permutan votos por enmiendas, impidiendo la promulgación de textos articulados con coherencia interna. Si, sé que se me tildará de criptotecnócrata, pero lo cierto y verdad es que las leyes 'técnicas', las menos susceptibles de ser demagogizadas (pienso en la LEC, la Ley concursal, la regulación societaria...), se hacen hoy en día fatal.
... y por supuesto, volviendo a lo que Vd. decía, no cabe mayor aberración que la modificación a garrotazos de los textos punitivos. Y todos lo sabemos, pero nada se hace por evitarlo.

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo con lo dicho por los dos comentaristas. A todos nos cansa un poco eso de quejarse de como se hacen las leyes, pero la única solución no puede ser dejar de hacerlo. Y si algún día se hiciera caso. Me desmayo.
Fernando